Los seres humanos tienen necesidades básicas que deben satisfacer. Las mismas son fundamentales para su subsistencia. Pero las personas no sólo viven de alimentos, además de todo eso necesitan ser reconocidas, necesitan satisfacer sus más profundos anhelos. Cuando esto no se consigue aparece la frustración.
Todos alguna vez nos hemos frustrado cuando nuestras expectativas no concuerdan con la realidad. Es imposible pasar por esta vida y no sentir, aunque sea un instante, frustración. Pero lo más difícil es cuando eso se produce en un ámbito de trabajo ya que, en ese contexto, están en juego no sólo las ambiciones personales sino también el dinero necesario para la subsistencia del individuo y sus familias. El trabajador se ve limitado en un ambiente que tal vez no sea el adecuado para su crecimiento personal ya que no puede dejar su empleo debido a que tiene que mantener una familia.
Una vez que se ha alcanzado la satisfacción total de las necesidades básicas aparece la necesidad de reconocimiento que se puede cristalizar no sólo en el ámbito laboral sino también en el desarrollo de otros roles dentro de la sociedad.
Muchas personas logran superar la frustración que les genera el ámbito de trabajo mediante la realización de actividades de recreación o mediante el consumo. De alguna forma toda esa energía debe canalizarse en algún objetivo concreto que les otorgue regocijo o satisfacción.
El antiguo modelo taylorista de organización del trabajo consideraba que los trabajadores eran meros sujetos que otorgaban su fuerza de trabajo y no debían pensar. Sólo tenían que cumplir, de forma disciplinada, las órdenes impartidas por los coordinadores de las fábricas. Actualmente, la nueva visión acerca de la administración, considera que los trabajadores son personas que poseen un gran potencial y no sólo ponen a disposición de la empresa su fuerza de trabajo sino también su inteligencia.
La nueva visión acerca de la organización empresarial considera que los objetivos de los trabajadores deben conciliarse con los de las empresas. Ahora bien, ¿esto resulta una tarea sencilla? La respuesta es un rotundo NO ya que es complejo analizar masivamente cada una de las ambiciones personales y amoldarlas a los objetivos empresariales de largo o corto plazo.